9 may 2008

DESPERTADORAS




En la ciudad pululan los sonámbulos. Emergen del vapor por las bocas del subte, dormitan en las paradas de colectivo, marchan con pasos ensayados en su repetitiva rutina. Miradas deshabitadas, cuerpos en piloto automático, jóvenes que no se percatan que son extras en una película en blanco y negro. Pero en el medio del caos, se alza victorioso nuestro Santuario. El ruido de los motores se silencia. Es hora de despertar.
Un llamado resuena en las calles y sus recovecos: “Mujeres nuevas, despertemos santidad”. Sacudamos a los tibios. Sacudamos a los que duermen, a los que flotan en su cotidianeidad. Inspirémosles los ideales más excelsos. Seamos “despertadoras” de la Mater. Ella marcará nuestra hora y nos guiará hacia los dormidos, siempre con conciencia de humilde instrumento.

“Despertar” es pasar de un estado de entumecimiento a uno de plenitud espiritual. Nosotras mismas necesitamos sacudones para reavivar nuestra voluntad inactiva o inclusive para animar a una hermana de rama. Pero para despertar en el otro el ideal de santidad, debemos transfigurarnos en María. Ella se debe traslucir en cada rasgo, en cada gesto, siempre desde nuestra originalidad. La Mater se adaptará a nuestro envase si nos abrimos a ella, si nos entrenamos en filialidad y sumamos horas de Santuario. Al principio los que nos rodean no identificarán el cambio. Pero la luminosidad de una “despertadora” de María no tardará en ejercer suave violencia sobre ellos.
Una “despertadora” es una cazadora de tesoros. Encuentra lo valioso en el otro y sabe cómo desenterrarlo. Reflota lo más noble del hombre porque no teme ser diferente, pule las asperezas de un San José en bruto. Ese ser distinta es su arma conquistadora, el ser azucena que la hace resaltar de las masas con convicción en los ideales. Hay que armarse de personalidad para ser una mujer nueva y pisar a la serpiente con actitud y firmeza. No es una misión para débiles o inseguras. La fuerza ciclónica de Dios se infundirá en nuestro pecho para obligarnos a gritar: “¡despierten!”.
El tiempo ya empezó correr. Las agujas de nuestro reloj avanzan. Pronto llegará la hora de probar nuestro amor. De irradiar. De sacudir. La Mater no tardará en acercarnos un corazón dormido que necesite curación y cobijamiento. No cerremos los ojos. Es tiempo de salir a la ciudad y mancharla de color. Cada persona es un mundo nuevo y una promesa de santidad. ¡Arriba JF! Buenos Aires va a vibrar, no con piquetes sino con nuestro canto. Cuando todos pensaban que íbamos a tirar la toalla…alzamos en alto nuestra bandera!
De Mery Giovanardi

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